lunes, 13 de abril de 2015

El Ratoncito Pérez

¿Quién cuando era pequeño no ponía el diente de leche debajo de la almohada esperando a cambio una moneda o  un regalito?

Según los países para algunos viene el Ratoncito Pérez, para otros  el hada de los dientes.
El origen más probable del ratoncito y su enlace con un hada proviene de un  cuento francés del siglo XVIII de la baronesa d’ Aulnoy: La Bonne Petite Souris (El Buen Ratoncito). Habla de un hada  que se transforma en un ratón para ayudar a derrotar a un malvado rey, ocultándose bajo la almohada del mismo, tras lo cual se le caen todos los dientes.


En España su historia  se debe al jesuita Luis Coloma (autor de Pequeñeces, Jeromín y otras piezas) que escribió un cuento cuando a Alfonso XIII que entonces tenía 8 años, se le cayó un diente. Coloma lo presenta como un bonachón personaje que muestra al Rey Buby (apodo con que la Reina María Cristina llamaba a su hijo) las miserias de los pobres.  Ratón Pérez, en palabras del Padre Coloma es pequeño, con sombrero de paja, lentes de oro, zapatos de lienzo y una cartera roja, terciada a la espalda.

http://teresarubia.blogspot.com.es/2013/09/el-ratoncito-perez.html



El pequeño ratoncillo  vivía  en una caja de galletas con su familia. Era una casita  muy cómoda y nunca les faltaba la comida ni a él ni a su familia porque vivían justo al lado de una panadería y cada noche Ratoncito Pérez acompañaba a su padre a coger restos de harina y todo lo que encontraban para poder comer. Un día, Ratoncito Pérez escuchó mucho alboroto en el piso de arriba y como buen ratón curioso trepó rápidamente por las cañerías hasta llegar a la primera planta y vio que alguien se iba a instalar allí porque tenía toda la pinta de ser una mudanza.

Al día siguiente, Ratoncito Pérez volvió y encontró que habían montado una clínica dental. Desde ese día, subió  todos los días a observar cómo trabajaba el dentista, que se llamaba José Manuel. Tanto le gustaba la profesión que decidió ir apuntando todo lo que veía en una pequeña libretita y  luego practicaba con su familia. A su madre le hizo una limpieza de boca. A su hermana le empastó varias caries. A su padre le curó un dolor de muelas con un poquito de medicina. Poco a poco se hizo muy famoso y a él acudían ratones de todas partes para que les curase. Ratones de ciudad muy bien vestidos con sombrero y bastón, ratones de campo que le pagaban con una bolsita de comida. Ratones de todo tipo, grandes, pequeños, gordos, delgados… Todos los ratones querían que Ratoncito Pérez les curase o les arreglara la boca.
Se hizo tan popular Ratoncito Pérez que comenzaron a acudir ratones ancianos con problemas más grandes que no tenían dientes y querían comer almendras, castañas, turrón, nueces… y todo aquello que no podían comer hasta aquel momento.
Ratoncito Pérez no paraba de pensar cómo podía ayudar a estos ratones ancianos pero no se le ocurría ninguna solución, así que, subió al piso de arriba a la consulta del Doctor José Manuel y vio que a los ancianos les ponía unos dientes estupendos que los hacían en una gran fábrica. Pero, aquellos dientes eran tan grandes que a él no le servían. Cuando ya estaba a punto de irse a su casa, entró en la consulta un niño con su mamá y el Doctor le quitó un diente y se lo dio de recuerdo. Ratoncito Pérez pensó que iría a casa del niño y le compraría el diente. Así que, siguió al niño y a su mamá por toda la ciudad hasta que llegaron a su casa pero no pudo entrar porque había un enorme gato que hacía de guardián. Esperó hasta la noche, cuando todos dormían en la casa y entonces entró en la habitación del niño que había dejado su dientecito debajo de la almohada de la cama. Ratoncito Pérez cogió el diente y dejó un bonito regalo para el niño.

A la mañana siguiente, cuando el niño despertó vio el regalo se puso contentísimo y lo primero que hizo fue contárselo a todos sus amigos. A partir de ese día, todos los niños dejan sus dientes de leche debajo de la almohada para que Ratoncito Pérez los recoja y a cambio les deja un bonito regalo.
http://www.bienvenidosalafiesta.com/index.php?mod=Notas&acc=Inicio&OtraSec=00000001GV
La tradición de guardar el diente debajo de la almohada tiene  variantes como la de ponerlo en el interior de un vaso, con o sin agua, o cambiar el personaje del ratón por el hada madrina, que cambia el diente por una moneda de oro, existe otra tradición muy popular en el mundo: lanzar el diente al aire o sobre el tejado de una casa para atraer buena fortuna. 
En China y en Japón, si el diente que cae es del maxilar superior, se entierra; si es del inferior, se lanza al aire con el propósito de que los siguientes dientes crezcan sanos y fuertes. 

En el Reino de Bután, ente India y China, los niños lanzan el diente al tejado de la casa para ofrecérselo a la diosa de la luna, a cambio de buena fortuna. Para los niños egipcios, la caída del diente tiene una connotación religiosa similar: el diente se envuelve en un trocito de tela y se lanza al aire con fuerza a la vez que cantan a Ra, el dios del Sol.
Los niños de tribus nómadas árabes también envuelven su diente, pero lo hacen en grasa de oveja y se lo dan a su perro, diciendo: “Llévate este dientito y tráeme uno más fuerte”. 
Aunque lanzar el diente al aire es una práctica muy popular en los países asiáticos, también lo es en Brasil, en las áreas más rurales de Belice y Honduras, y en Grecia. En Brasil se cree que si el diente aterriza en el tejado, se transformará en oro. 
En Nigeria existe una tradición completamente diferente: los niños trazan siete círculos en el suelo. Si bailan bien en cada uno de ellos, el diente saldrá derecho; sino, saldrá torcido. 
A pesar de todas las diferentes creencias solo aquí en Madrid tenemos la casa donde vivió el Ratoncito Pérez situada en calle Arenal n. 8 donde podemos visitar y vivir otra vez el niño que está dentro de nosotros. :)


                                 https://umbrasileironaespanha.files.wordpress.com/2014/06/p5150031.jpg?w=584&h=438


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